Trastornos
hereditarios
Los labradores son un tanto
propensos a displasia de cadera y displasia de codo, por ser perros de
esqueleto grande, aunque no tanto como algunas otras razas. Las revisiones de
cadera se recomiendan antes de la cría y, a menudo son recomendados suplementos
para las articulaciones.
Los labradores también sufren
el riesgo de padecer problemas de rodilla. La luxación de rótula es un hecho
común en donde la rodilla se disloca para después volver a su lugar.
Problemas con los ojos también
son posibles, particularmente atrofia progresiva de retina, cataratas,
distrofia corneal y displasia de retina. Los perros que están destinados para
la cría deben ser examinados por un veterinario oftalmólogo para obtener una
valoración del ojo.
La miopatía hereditaria, es un
trastorno hereditario raro que causa una deficiencia en la fibra muscular del
tipo II. Los síntomas incluyen un modo de andar afectado o «salto de conejo», y
en casos excepcionales ventroflexión del cuello acompañado de una postura
cifótica.
Los labradores a menudo sufren
de colapso inducido por el ejercicio, un síndrome que causa hipertermia,
debilidad, colapso, y la desorientación después de episodios cortos de
ejercicio.
Hay una pequeña incidencia de
otras enfermedades, tales como enfermedad autoinmune y sordera, ya sea congénita
o desarrollada después.
Obesidad
El labrador fácilmente puede
sufrir de sobrepeso, debido a su afinidad por las golosinas y a su buena
relación con las personas. La falta de actividad física también es un factor
que contribuye. Un labrador saludable debe mostrar un leve estrechamiento en la
cintura entre la caja torácica y los cuartos traseros, conocido como «reloj de
arena» y mantenerse en forma, sin sobrepeso. El exceso de peso está fuertemente
implicado como un factor de riesgo en el desarrollo posterior de la displasia
de cadera o de otros problemas en las articulaciones y diabetes, y puede
también contribuir a reducir su salud en general cuando son mayores. La
artritis es común en los labradores más viejos, especialmente los que tienen
sobrepeso. Un estudio llevado a cabo por el fabricante de alimentos Purina,
durante 14 años sobre 48 perros y publicado en 2003, indicó que los labradores
alimentados para mantener un peso apropiado vivían dos años más que aquellos
que se alimentaban libremente y sin control, poniendo de manifiesto la
importancia de no sobrealimentar a estos perros. El peso de un labrador adulto
debe oscilar entre los 27 y los 36,4 kilogramos el macho, y entre 25 y 31,7
kilogramos la hembra.
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